sábado, 30 de octubre de 2010

"EL MONJE ASESINO" - ESTIL9






El 29 de Octubre, “Misteris amb Sebastià D’Arbo” que emite el Canal Estil9 recuperó la historia del monje asesino, un apasionante suceso ocurrido en Barcelona y del cual se hizo eco toda la prensa extranjera de la época.
El escritor Fernando Gómez – autor de “El misterio de la calle Poniente, Cero Negativo y El vampiro de Cartagena – acompañado por los conocimientos del tema que posee D’Arbó, y partiendo de un artículo publicado en La Gazette des Tribunaux el 23 de Octubre de 1836 explicó la historia de Fray Vicente, ex monje del monasterio de Poblet y librero de profesión, que asesinó a trece personas para recuperar los libros que les había vendido por culpa de su enfermizo amor esas obras.
Una labor importante de investigación que tuvo como fruto un interesante documental que ayuda a rescatar ese episodio tan desconocido por los barceloneses y que estuvo documentado por los dibujos que Joan Vila i Pujol realizó en 1914 en relación al suceso.

miércoles, 13 de octubre de 2010

"BUFFALO BILL EN BARCELONA" - ESTIL9

El 12 de Octubre el programa “Misteris amb Sebastià D’Arbo” que emite el Canal Estil9 se centró en las anécdotas ocurridas a Buffalo Bill durante la estancia de su circo en la Barcelona de finales del siglo XIX.
El profesor Sebastià D’Arbo y el escritor Fernando Gómez comentaron esa parte de historia de la ciudad que es desconocida por la mayoría de los barceloneses. Los espectadores pudieron enterarse que diez indios de Dakota que formaban parte de la trouppe murieron a causa de una epidemia y que una muela que le fue extraída al legendario Buffalo Bill fue expuesta por un tiempo en el Hospital de San Pablo hasta que fue robada.
Un interesante documento muy bien documentado con fotografías de la época.

miércoles, 6 de octubre de 2010

FERNANDO GOMEZ EN "DISTRICTE VUIT" DE TELEHOSPITALET



Fernando Gómez fue invitado en el programa de TeleHospitalet "Districte Vuit" que presenta Eduardo Ferrando en el apartado recomendaciones de libros. El autor de "El misterio de la calle Poniente" "Cero negativo" y " El vampiro de Cartagena" eligió los volumenes de recopilación de todas las novelas de Raymond Chandler en las que aparece el detective Philip Marlowe y de las novelas que Patricia Highsmith escribió sobre el amoral Tom Ripley.
A partir del minuto 16 en:

lunes, 12 de julio de 2010

7TRM - Televisión de la Región de Murcia - "Al cabo de la calle" - 09/07/2010



El programa de 7TRM (Televisión de la Región de Murcia) emitió el viernes 9 de Julio dentro de su espacio "Al cabo de la calle" un documental sobre la Calle Mayor de Cartagena. La casualidad hizo que el día de la grabación del programa ocurriera el día de la presentación en la ciudad de la novela "El vampiro de Cartagena" de Fernando Gómez en la Libreria Escarbajal y la cámara hiciera una improvisada entrevista al autor.

miércoles, 30 de junio de 2010

"LA OPINION DE CARTAGENA" - 29/06/2010


"EL FARO DE CARTAGENA" - 22/06/2010

El escritor Fernando Gómez presentó en Cartagena la novela que ha escrito sobre una falsa leyenda urbana surgida en los últimos años ‘El vampiro de Cartagena’ o cómo desmontar una mentira con humor
Por Diego Ortiz.
CARTAGENA. Que un vampiro andara suelto por las calles de Cartagena a buen seguro que sería algo noticioso para ciertos medios de comunicación que, lamentablemente, no descansan a la hora de alumbrar nuevos inventos seudocientíficos con los que alimentar la credulidad de sus lectores, oyentes o espectadores.
Por eso en los últimos algunos de esos ‘sesudos’ investigadores de lo paranormal -de esos de la fauna de criptozoólogos, ufólogos y demás zarandajas por el estilo- han querido crear de la nada una leyenda y una historia en torno a un vampiro cuyo ataúd llegó un buen día a Cartagena desde tierras balcánicas y, reexpedido desde aquí hasta La Coruña, fue dejando un rastro de muertes misteriosas a su paso.
Pero, afortunadamente, hay otros escritores que, conocedores de que dichos intentos tiene su origen en un relato corto surgido hace décadas de la imaginación de Alfonso Sastre -titulado ‘El vampiro de Borox’-, han decidido aprovechar el fenómeno literariamente.Eso es lo que ha hecho el barcelonés Fernando Gómez con su obra ‘El vampiro de Cartagena’, presentada ayer en la ciudad portuaria. En ella, la falsa leyenda y más falsa historia sirve de trama a una novela de terror con grandes dosis de humor, muy en la línea de autores como Wenceslao Fernández Flores o Julio Camba.
En ella, un funcionario de la Aduana de Cartagena recibe un bulto insólito, un ataúd que nadie reclama y que, como en la historieta citada, luego es reenviado a tierras gallegas. Es en ese momento cuando entra en acción el personaje de un sacerdote cazador de vampiros -un Van Helsing a la española que mueve a la hilaridad- que sirve para desarrollar la idea de Fernando Gómez, que gira en torno a los miedos cercanos.
Se hace así una contraposición entre los millones de muertos que, en los años en los que se sitúa la novela, está provocando la I Guerra Mundial, y los escasos que causa el viaje del vampiro que, sin embargo, influyen más en el protagonista.
Asimismo, el autor consigue, de forma magistral, otro de sus objetivos, el de “tener una literatura y cultura vampírica ‘nacional’, ya que todas estas historias se suelen ubicar en el centro de Europa”. Algo muy en su línea de convertir en literatura sucesos truculentos, reales o no, de la que el mejor ejemplo es su obra ‘El misterio de la calle Poniente’, basado en la historia de la mendiga catalana Enriqueta Martí, que en 1912 mataba niños para vender su sangre, que tenía presuntos efectos terapéuticos.

lunes, 31 de mayo de 2010

DIARIO SUR - MALAGA - 29/05/2010

La novela de Fernando Gómez da una vuelta de tuerca a la novela clásica de terror -
Antonio Garrido

El salón se ha quedado en silencio y los reflejos de las bujías en los espejos crean danzas de luces y sombras, en una de las tribunas que dan al jardín una joven recibe la luz de la luna y mira absorta al hombre que, para el que observa desde el interior, está de espaldas. Es muy alto y una capa lo cubre hasta el suelo, la prenda tiene vueltas rojas; su cabeza se va inclinando, muy lentamente, hacia el cuello que ella le ofrece, abandonada, entregada. La luna los recoge en el mismo encuadre. Unos colmillos, amarillentos, se clavan en la carne y unas gotas de sangre descienden, como un esquiador, por la suave pendiente alba en la que azulean las venas.
La imagen del vampiro es uno de los iconos claves de la contemporaneidad, sobre todo desde que Stoker escribiera su 'Drácula' y desde que Lugosi encarnara al personaje en la pantalla grande. No hay que olvidar que el vampiro nace en la sociedad victoriana y lo hace como lo prohibido deseable, como una transgresión de la moral puritana, como el triunfo de un placer prohibido que anida en lo más íntimo; al mismo tiempo el vampiro es una rebeldía radical porque significa el triunfo de una vida después de la muerte, un desafío a la biología y a la religión.
Las obras que tienen al vampiro como centro son centenares y básicamente nos lo presentan de dos maneras, como elegante conde de los remotos Cárpatos o como repugnante larva que se arrastra, sea el caso del admirable 'Nosferatu' de Murnau. La tipología vampírica se puede extender pero no es el lugar, sí lo es señalar la originalidad de esta novela de Fernando Gómez porque en ella el vampiro no aparece. El título remite al universo del sainete, 'El vampiro de Cartagena' suena a pieza cómica y despista al lector. Se trata de un guiño, de una mueca divertida y original del autor.
¿Qué se puede hacer con un personaje que se nombra pero al que no conoceremos? Mucho, sin duda, pero de otra manera, de una forma periférica. La narración se centra en los personajes y en unas acciones que se atribuyen al vampiro, a ese supuesto vampiro que llegó en «un ataúd, posiblemente de nogal, barnizado en negro, muy pulido, con forma de trapecio y con cuatro agarraderas que venían a representar unas culebras entrelazadas, dos a cada lado». El paquete llega al servicio correspondiente de la aduana de la Estación Marítima de Cartagena donde «nunca había visto que un bulto fuera descargado con tanta rapidez del buque que lo transportaba».
El autor nos ha situado en plena Guerra Mundial, la Primera, aquella que se pensó como la última, la que destruyó un orden secular y que, al final, dejó preparado el terreno para la que vino después. España tuvo la suerte de ser neutral y se benefició mucho vendiendo todo tipo de productos a los contendientes. Cartagena, zona de minas, se desarrolló de forma rápida aunque cuando las aguas volvieron a su cauce al final de la contienda el desarrollo económico quedó en espejismo.
Elementos de sainete
El mecanismo elusivo es la clave del texto, no sabemos, no se nos desvela nada del, en teoría, protagonista, sólo efectos sin causa y efectos que podemos poner en duda. Muy hábil el autor a la hora de organizar la estructura, nos deja a solas con nuestra imaginación, que cada cual diseñe al vampiro a su gusto como esas pizzas donde eliges los ingredientes.
He usado la palabra sainete y no faltan elementos del género aunque veo más componentes de esperpento amable por la caracterización de los tipos. El aduanero es un hombre ordenado, tímido, que no se atreve a hablar en la tertulia a la que asiste como oyente, cumple un horario repetido en el que se encuentra cómodo, está casado y al final de la novela pasea con sus dos hijas, cerca del cementerio, para recoger florecillas. Es el elemento pasivo de la acción; su deseo mayor es que se inauguren las nuevas instalaciones de la paquetería gracias a los buenos oficios de un ministro. No aspira a más, un funcionario en estado puro y bastante eficaz en lo suyo.
La llegada del ataúd lo perturba, rompe su dorada mediocridad y, no digamos cuando, después del viaje a La Coruña, el inquietante objeto le es devuelto. El elemento activo es el cura, un sacerdote con visos de loco, una especie de doctor Van Helsing con sotana que persigue al supuesto vampiro encerrado en su caja y que utilizará todos los remedios tradicionales: la estaca, los ajos, cortarle la cabeza. Entre los dos personajes se establece una relación de comprensión mutua y casi hasta de afecto.
El humor es un componente fundamental de la narración. El vampiro, pese a su magnetismo, es una figura siniestra y muy, muy peligrosa, sobre todo para los que no tienen espíritu aventurero pero aquí lo entrevemos en la niebla del distanciamiento. No falta la narración de escenas terribles aunque la novela no deja de tener en todo momento y esto es el mejor mérito de la historia un envoltorio irreal, como si el vampiro apareciera en la tertulia y se sentara tranquilamente a contar sus aventuras mientras bebe a pequeños sorbos la sangre de su última víctima mientras mordisquea una rosquilla de ajonjolí.